domingo, 29 de agosto de 2010

Como un pasmarote

El sol inundaba las calles de la ciudad, que, al fin, después de un invierno más gris que de costumbre, se había rendido a la primavera.
Daniel, sentado detrás del mostrador de la librería, miraba taciturno a través del cristal esperando que llegara pronto la hora de cerrar, o en su defecto, que entrara algún cliente para que la espera se hiciera más corta. No pensaba en nada concreto, tenía una habilidad pasmosa para mantener la mente en blanco. De repente entró precipitadamente en la librería una chica de apariencia atolondrada y con una gran caja de cartón en los brazos, era Rosa. Su presencia era capaz de trastornar hasta a la tranquilidad en persona. A Daniel cada vez que la veía el corazón le daba un vuelco. Le faltaban ojos para mirarla, a ella y a su piel suave, y a su sonrisa sin fin, y a su verde mirada... Y de repente, perdido en sus pensamientos, escuchó:

- ¿Pero qué haces ahí mirando como un pasmarote? ¡Corre! ¡Ven a ayudarme!

lunes, 23 de agosto de 2010

El color de la muerte

La sangre resbalaba por el suelo brillante y roja como las cerezas. Se desangraba rápidamente, aunque a ella le parecía que aquello no podía ir más lento. Se preguntaba si alguien encontraría alguna vez su cuerpo en aquel caserón alguna vez o si permanecería olvidado a merced del paso del tiempo. Entre tanto, le vino a la mente Julio y su mirada infinita.





- ¿Qué color crees que tiene la muerte, Julio?
- Bueno... Yo supongo que blanco, ¿no? En las pelis siempre sale así.
- Pues yo creo que es el negro, tiene mucho más sentido...
- ¿Negro? ¡Imposible!

"Cómo siempre, Julio tenía razón", pensó. Entonces una intensa luz blanca lo inundó todo y la cegó para siempre.

com a sostre les estreles

Nunca imaginó que se sentaría sobre el tejado a contemplar el cielo estrellado de una noche de verano, nunca se había imaginado como una de esas típicas personas que piensan de forma... ¿Bonita? como en las películas. Había sido un día muy largo y la noche se presentaba de la misma manera, así que permaneció observando las estrellas que hacían la función de techo. Ella estaba sobre su tejado pero su cabeza estaba bastante más lejos, en su mente no paraban de sonar todas aquellas palabras que la atormentaban. Le pasó por la cabeza la idea de huir para siempre, ¿Dónde? Realmente no importaba. Se preguntó como se despediría de todas aquellas personas sin las cuales no podía vivir. Entonces su mente calló por unos instantes. Puede que la pregunta no fuera como despedirse, si no, más bien... ¿Quieres una despedida? O quizás... ¿Un hasta pronto?

jueves, 19 de agosto de 2010

amour d'été

Oh mon amour, a menudo recuerdo las noches de verano que pasamos desnudos en tu cama y me pregunto si tú también las recuerdas. La luz de las farolas parisinas se colaba por la ventana e iluminaba tu habitación, dónde yo descubría los recovecos de tu piel y tú me dabas largos besos que deseaba que nunca terminaran. Nos amamos durante cada noche de aquel caluroso verano. Nos amamos como nadie, ¿recuerdas ma puce? Tu piel con sabor a amor, el dulce aroma de tu sonrisa, tu mirada infinita que me atrapaba... Eran los ingredientes perfectos para quererte. A ritmo de "Je t'aime... Moi non plus" llegamos a la luna y contemplamos las estrellas desde mucho más arriba que ella, desnudos y embriagados de amor.

Oh mon amour, a menudo recuerdo esas noches de verano, ¿las recuerdas tú?

estremecer(se)


Pienso en su cuerpo y en su piel, pienso en las horas, en los días, en los meses que pasé acurrucado junto a ella y me estremezco, no sé si por nostalgia o por miedo. Hace casi ya un año que no sé nada de ella y aun conservo el sabor de su despedida en mi boca. Recuerdo el día que nuestras miradas se cruzaron por primera vez y los pelos se me ponen de punta, esta vez de asombro, ¿Tanto han cambiado las cosas? ¿Tanto tiempo ha pasado? Parece que fue ayer cuando te robaba sonrisas y luego te las devolvía con el doble de intensidad, cuando te bastaba el sonido de mi risa para alimentar tu felicidad, cuando pasaba horas, días, meses acurrucado junto a ti... Y me estremezco, esta vez de miedo.

jueves, 12 de agosto de 2010

aroma de verano

El aroma a verano cosquilleaba sus fosas nasales con intensidad. La sal pegada a su piel era sinónimo de libertad para ella. La immensidad mar, el sonido de las olas y la textura de la arena bajo sus pies descalzos le inspiraban una tranquilidad absoluta. Cada vez que quería escapar de la ruinosa realidad en la que vivía cerraba los ojos y se sentaba frente al mar, se sumergía en él, tostaba su piel al sol o jugueteaba con la arena entre sus manos, y dejaba que pasaran las horas sin que ella se diera cuenta. Allí su felicidad no dependía de nada ni de nadie, y era justo eso lo que le proporcionaba tal grado de felicidad. A veces, cuando estaba allí tenía la sensación de ser la única persona libre de todo el planeta Tierra, la única que verdaderamente había probado el dulce, en este caso salado, sabor a libertad.

jueves, 5 de agosto de 2010

guisante

Se siente pequeña como un guisante e insignificante como una hormiga cuando un grito le roza el corazón. Es como si esos gritos fueran balas atormentandola, no llegan a atraversale el cuerpo, pero lo rozan y esa sensación es casi más insoportable porqué no le permite descansar ni un instante. Se abraza a sus propias rodillas, la única cosa que parece abrazar últimamente, y se hecha a llorar en silencio. En silencio porqué no quiere molestar a nadie, no quiere que se preocupen por ella, sólo quiere ser imperceptible al ojo humano, simplemente pasar desapercibida como ese pequeño guisante en el que se ha convertido.

martes, 3 de agosto de 2010

empapada conoce a distraído

Salí del portal con la ropa de la noche anterior y con un sabor amargo en la boca. El sabor que me había dejado Jaime, el sabor de su estupidez. "¡Y encima llueve!" Quería escapar de allí cuanto antes así que no me preocupé por si mejoraba o no el tiempo. Me puse a correr intentando esquivar los charcos del suelo, aunque resultaba algo bastante estúpido porque la lluvía ya me había empapado toda. Cuando ya estaba cerca de mi casa vi al chico despistado que vivía a la vuelta de la esquina, un personaje curioso, pero tenía que reconocer que sus ojos verdes y su sonrisa esperanzadora tenían cierto encanto. Estaba observándome con su peculiar mirada perdida, a su lado, en el suelo, había unas flores que parecían haber estado en sus manos escasos segundos antes.
- Se te han caido las flores. - Le dije sin obtener respuesta alguna. - Perdona, tus flores. - Nada... - ¡Oye, perdona!- Al fin se dio cuenta de que le hablaba...
- ¡Ah! ¿Qué? Sí, ¡Dime! - Parecía estar bajando de las nubes al fin.
- Se te han caído las flores...
Bajó la mirada al suelo, pero en unos segundos la volvió hacia mí. Permanecimos unos instantes con las miradas clavadas el uno en el otro, sin decir nada. Era extraña la sensación de tranquilidad que me transmitía ese chico, tan extraña que me puse nerviosa y rápidamente le dije:
- Me llamo Nadia, vivo aquí en la esquina. Por si necesitas algo y eso...
- Yo David, vivo justo en este portal.- Me respondió con media sonrisa en la cara.
No pude evitar sonreírle, estaba feliz. Llevaba meses deseando conocer al chico despistado de la vuelta de la esquina.

lunes, 2 de agosto de 2010

distraído conoce a empapada

Dicen que viendo la casa de alguien puedes saber como es esa persona. Yo nunca creí en ese tipo de cosas, pero cuando conocí a la dueña de la casa de la esquina me planteé serias dudas sobre si debía cambiar mis principios en cuanto a ese tema. Si esa casa se pudiera convertir en persona se convertiría en su inquilina, Nadia. Nadia era menuda y no llamaba la atención para la mayoría de la gente, pero si te fijabas tan sólo un poquitín, se podía encontrar verdadera belleza en ella. Justo eso me pasó a mí. Hacía medio año que vivía en aquella calle y ni me había planteado su existencia, siempre fui un chico distraído. El día que, por fin, me fijé en ella llovía a cantaros, y lo que justamente llamó mi atención fue que no llevaba paraguas, ¿a quién se le ocurriría salir de casa sin paraguas tal día como aquel? Me di cuenta de que era realmente guapa, además, tenía cierta gracia verla correr esquivando los charcos para no salpicarse sus zapatillas verdes ya empapadas, ¿a quién le importaría mojarse un poco más unas zapatillas ya empapadas? Enfrascado en mis pensamientos no me di ni cuenta de que alguien me hablaba, lo he dicho antes, siempre he sido un chico distraído.
- ¡Oye, perdona! - Dijo una voz chillona.
- ¡Ah! ¿Qué? Sí, ¡dime! - Contesté volviendo en mí
- Se te han caído las flores...
Miré a mis pies, y efectivamente las flores que iba a regalarle a Paula estaban allí. Pero rápidamente mi mirada volvió a posarse sobre ella, Nadia. Cada instante me autoconvencía un poco más de lo realmente bonita que era. Se autopresentó casi sin que me diera cuenta:
- Me llamo Nadia, vivo aquí en la esquina. Por si necesitas algo y eso...- Me dedicó una media sonrisa.
- Yo David, vivo justo en este portal.- Le respondí con otra.
Aquel día aprendí que no era fácil nadar en su mirada, pues Nadia no le daba permiso a todo el mundo para hacerlo. Aquel día decidí conseguir ese permiso, porqué desde que vi su mirada ya no quise nadar en ninguna otra.

domingo, 1 de agosto de 2010

encuentro furtivo

Lo ve llegar y empiezan a brotar lágrimas de sus ojos pardos, y pronto resbalan por sus sonrosadas mejillas hasta que llegan a la altura de su boca dónde humedecen sus labios de sandía. Entonces, él se aproxima y sigue a besos el rastro húmedo que han dejado las lágrimas hasta llegar a la boca. Allí se detiene por unos instantes y ella baja la mirada algo avergonzada. Él le dedica una amplia sonrisa y es entonces cuando sus labios se encuentran furtivamente como dos viejos amigos que llevaban una eternidad sin verse.