lunes, 18 de julio de 2011

Y el traqueteo continuaba.


Que la casa estuviera junto a las vías del tren no augmentaba, precisamente, las posibilidades de éxito del plan. El traqueteo del tren combinado con el ensordecedor ruido de la sirena de la locomotora eran justo lo contrario de lo que necesitaba. Necesitaba silencio, necesitaba tranquilidad... Necesitaba, no, debía concentrarse. Y el traqueteo continuaba. Al fin y al cabo, robar el diamante más grande del mundo no era tarea fácil para nadie. Incluso para él, John Roberts, el ídolo de todo ladrón, el mítico Roberts que jamás había sido cazado, resultaba una tarea complicadísima. De la casa tampoco podía tener queja, pues estaba siendo buscado por la policía, así que podía considerarse afortunado de haber encontrado aquel lugar para llevar a cabo sus planes. Y el traqueteo continuaba. Estaba estudiando los planos del museo cuando oyó algo al otro lado de la puerta, aun así, no le dio apenas importancia, pensó que sería algún animalillo de las afueras de la ciudad que no tenía donde caer muerto. Eso le hizo pararse a pensar por un segundo si su situación era comparable a la de aquellas criaturas solitarias que deambulan cada noche cerca de las vías del tren con la única preocupación de encontrar comida, en su caso el grandioso diamante, y de no ser descubiertas por ningún ser humano, en su caso era prácticamente igual. Y el traqueteo continuaba. Estaba completamente solo, ni siquiera Julia quiso acompañarle en esta misión. Cuánto echaba de menos a Julia... Le pidió que renunciara a la vida criminal por ella, que dejara a un lado el estúpido robo, ya era hora de sentar la cabeza le decía incansablemente... Hasta que se cansó. Ella no lo entendía, ahora no podía rendirse, el gran John Roberts no era así. Pero la echaba de menos, muchísimo. Y el traqueteo continuaba. Volvió a oir ruidos al otro lado de la habitación y esta vez si que se levantó a ver que ocurría. Cogió la pistola con la mano derecha y la escondió tras de si, abrió la puerta y entonces, el corazón le dió un vuelco. Allí estaba Julia tirada en el suelo, agonizando y sangrando, muchísimo, a penas tenía fuerzas para mantenerse consciente. John no sabía como actuar se abalanzó sobre ella, lloraba, le pedía que no se fuera, que aguantara. Pero, ¿Qué podía hacer él? Si llamaba a la ambulancia la policía lo encontraría, si no la llamaba ella moriría. Ella no paraba de decir que lo sentía, él lloraba, lloraba mucho. Y el traqueteo continuaba.

sábado, 16 de julio de 2011

Adiós, Harry

Qué pena... Después de más de 10 años el universo de Harry Potter se ha terminado definitivamente. Es imposible recordar mi infancia sin dedicarle un mínimo pensamiento a todo este mundo. Muchos dirán que todo esto acabó el día que se publicó el 7º libro, pero no es así. Aun quedaba la intriga, los nervios y las ansias por ver la siguiente película y esperar que no fuera una decepción demasiado grande para los lectores (como lo fue la 6ª).




Ahora, después de haber visto la última película, sólo puedo decir una cosa: Gracias J.K Rowling, has sabido crear algo más que una saga de "Best-sellers", has sabido crear un mundo a parte del que todos alguna vez hemos deseado formar parte, has sabido entusiasmar por la lectura a millones de niños (y no tan niños) de todo el mundo (cosa que no es nada fácil en unos tiempos en que la televisión reina sobre todas las cosas), has sabido hacer que a los 12 años quedaramos esperando ansiosos la enigmática carta que anunciara nuestra entrada en Hogwarts, has sabido hacer que nos emocionaramos con una victoria de Griffindor en Quiddich, que lloraramos con la muerte de Sirius, que nos diera un vuelco el corazón cuando Harry besa a Ginny, que tomaran sentido palabras como Muggles o Patronus... Has conseguido que Harry y todos los demás formen parte de nuestras vidas. Has conseguido hacernos creer, con tus palabras, que la magia existe.


miércoles, 13 de julio de 2011

Querida Gerda:
Desde aquella mañana ya jamás he podido borrar de mi mente tu silueta desnuda a contraluz. No te he vuelto a ver más bella que aquel día, la verdad es que ni siquiera te he vuelto a ver desde entonces. Tal vez eso sea parte de tu encanto, el aparecer y desaparecer sin avisar como una tormenta de verano. Siempre has sido un alma errante, un alma libre que ha volado lo más lejos posible de toda atadura. Me pregunto hasta cuando podrás continuar así, apareciendo y desapareciendo, volando de un sitio a otro sin destino fijo... Me pregunto dónde estarás ahora y si volverás como aquella mañana cuando llegaste empapada de felicidad.


martes, 5 de julio de 2011

Debajo de su piel escondía un secreto. Debajo de su piel se ahogaba en silencio su alma. La sensación de angustia se extendía por todo el cuerpo, desde los pies a la cabeza, sin dejar un rincón vacío de ella. La desazón alimentaba cada una de las celulas de su ser, contaminándolas de tristeza e insipidez.
Debajo de su mirada escondía un secreto. Debajo de su mirada se ahogaban las lágrimas que nunca llegaron a salir.

sábado, 2 de julio de 2011

Llámalo destino

Marie no creía en las casualidades, eso eran chorradas. Para ella todo sucedía por alguna razón y a eso se le llamaba destino. Marie pensaba que ya estaba todo escrito, que nada de lo que nos pudiera pasar dependería jamás de nosotros mismos o de nuestras acciones. Nada de lo que pudieramos hacer o decir cambiaría nuestro futuro. Marie solía hablarme del destino cada mañana. Mientras me atravesaba el corazón con su mirada desnuda al amanecer, yo me preguntaba en voz alta si el destino tenía planeado un futuro en el que estariamos juntos y ella reía a carcajadas que sabían a lluvia de verano.

Yo nunca había creído que el destino existiera, pero el día que nuestros caminos se cruzaron por última vez entre las estrechas calles de la vieja Barcelona cambié totalmente de parecer.