miércoles, 4 de abril de 2012

divagaciones

El aroma a lluvia había inundado toda la habitación, colandose por todos los recovecos de su desnundez, llegando a atravesar los poros de su piel, en la que naufragaban los atardeceres grises de una primavera que había empezado ya mucho tiempo atrás. La despedida le había dejado tormentas en la mirada, un sabor agridulce en los labios y la nostalgia en el estómago.