jueves, 12 de agosto de 2010

aroma de verano

El aroma a verano cosquilleaba sus fosas nasales con intensidad. La sal pegada a su piel era sinónimo de libertad para ella. La immensidad mar, el sonido de las olas y la textura de la arena bajo sus pies descalzos le inspiraban una tranquilidad absoluta. Cada vez que quería escapar de la ruinosa realidad en la que vivía cerraba los ojos y se sentaba frente al mar, se sumergía en él, tostaba su piel al sol o jugueteaba con la arena entre sus manos, y dejaba que pasaran las horas sin que ella se diera cuenta. Allí su felicidad no dependía de nada ni de nadie, y era justo eso lo que le proporcionaba tal grado de felicidad. A veces, cuando estaba allí tenía la sensación de ser la única persona libre de todo el planeta Tierra, la única que verdaderamente había probado el dulce, en este caso salado, sabor a libertad.