lunes, 2 de agosto de 2010

distraído conoce a empapada

Dicen que viendo la casa de alguien puedes saber como es esa persona. Yo nunca creí en ese tipo de cosas, pero cuando conocí a la dueña de la casa de la esquina me planteé serias dudas sobre si debía cambiar mis principios en cuanto a ese tema. Si esa casa se pudiera convertir en persona se convertiría en su inquilina, Nadia. Nadia era menuda y no llamaba la atención para la mayoría de la gente, pero si te fijabas tan sólo un poquitín, se podía encontrar verdadera belleza en ella. Justo eso me pasó a mí. Hacía medio año que vivía en aquella calle y ni me había planteado su existencia, siempre fui un chico distraído. El día que, por fin, me fijé en ella llovía a cantaros, y lo que justamente llamó mi atención fue que no llevaba paraguas, ¿a quién se le ocurriría salir de casa sin paraguas tal día como aquel? Me di cuenta de que era realmente guapa, además, tenía cierta gracia verla correr esquivando los charcos para no salpicarse sus zapatillas verdes ya empapadas, ¿a quién le importaría mojarse un poco más unas zapatillas ya empapadas? Enfrascado en mis pensamientos no me di ni cuenta de que alguien me hablaba, lo he dicho antes, siempre he sido un chico distraído.
- ¡Oye, perdona! - Dijo una voz chillona.
- ¡Ah! ¿Qué? Sí, ¡dime! - Contesté volviendo en mí
- Se te han caído las flores...
Miré a mis pies, y efectivamente las flores que iba a regalarle a Paula estaban allí. Pero rápidamente mi mirada volvió a posarse sobre ella, Nadia. Cada instante me autoconvencía un poco más de lo realmente bonita que era. Se autopresentó casi sin que me diera cuenta:
- Me llamo Nadia, vivo aquí en la esquina. Por si necesitas algo y eso...- Me dedicó una media sonrisa.
- Yo David, vivo justo en este portal.- Le respondí con otra.
Aquel día aprendí que no era fácil nadar en su mirada, pues Nadia no le daba permiso a todo el mundo para hacerlo. Aquel día decidí conseguir ese permiso, porqué desde que vi su mirada ya no quise nadar en ninguna otra.