miércoles, 30 de marzo de 2011

Tristemente


Un hombre con semblante triste y aspecto derrotado caminaba por las calles encharcadas de la ciudad en una noche sin luna. Estaba empapándose de la primera lluvia del otoño, pero, al parecer, poco le importaba. Parecía como si le hubieran arrebatado de las manos todo aquello que poseía en el mundo y se lo hubieran llevado para siempre delante de sus propios ojos, sin que él pudiera hacer nada para evitarlo.
En cierto modo era así. La única persona a la que había amado durante toda su vida acababa de contraer matrimonio con la única persona del mundo que no merecía ni una pequeña pizca de amor, y menos del suyo.
Pero, tristemente, el dinero es poderoso, más que ninguna otra cosa. Incluso puede comprar el amor, algo que no debería tener precio.