viernes, 24 de septiembre de 2010

Casi al instante


La lluvía golpeaba con fuerza los tejados de la ciudad. Era la primera tormenta del otoño y el olor a tierra mojada había invadido las calles.
Mientras Manuel asomado a la ventana miraba a ninguna parte, se sorprendió a si mismo sonriendo al recordar a Sofía. Conoció a Sofía unos meses atrás. Tenía el pelo de un color cobrizo y una sonrisa de luz de luna. Hace un par de noches sus miradas se encontraron por casualidad y ambos sonrieron, casi al instante.