martes, 26 de abril de 2011

Un vals en las nubes

Nada salía de sus labios pero tampoco de su corazón, que estaba seco como un desierto, sin más agua que la de sus lágrimas ahogadas en un silencio que se había prolongado durante demasiado tiempo. Soñaba con el cielo, dónde las aves bailan al son del viento. Quería volar, desplegar las alas, surcar las nubes a 100 kilómetros por hora y encontrar una brisa con la que poder compartir un vals.