sábado, 30 de abril de 2011

Humo humeante.

Me acordé de la noche en que la conocí. El humo del cigarro de sus labios dibujaba caminos inaccesibles hacia su mirada. Yo la observaba desde la retaguardia, con miedo a ser descubierto pero con ganas de que me sorprendiera. Era verano y estábamos borrachos en una ciudad sin nombre. Nos perdimos por las calles del mundo, abrazándonos a las estrellas llegamos hasta la luna. Cuando estábamos trepando más allá del cielo, justo entonces, ella me dejó caer.
Jamás volví a creer en humeantes cigarrillos que llevan hasta miradas infinitas.