lunes, 2 de julio de 2012

Qué estúpida...

Fue imposible no derramar el café al abrir el periódico. Ver su nombre, el de Jorge, enmarcado dentro de una esquela le había impresionado tantísimo que no pudo evitar que se le escapara un gritito ahogado. Sí, es verdad que hacía muchísimo tiempo que no sabía nada de él, aún así jamás hubiera imaginado que muriera tan jóven. ¿Jóven? se paró a pensar que ya no lo eran tanto... En su mente aún aparecía la imagen del Jorge de hacía 30 años, el chico callado de clase de pelo claro y mirada limpia. Entonces iban a la universidad y todos se sentían inmortales, como si la muerte fuera algo irreal, tan ajena a ellos que no lo concebían ni siquiera posible.
Ahora todo aquello quedaba tan lejos, les había perdido la pista a todos... Pero Jorge... Siempre había fantaseado con la idea de volverse a encontrar con él y que justo en el momento en que sus miradas chocaran entre la multitud, las chispas volverían a saltar como sucedió tanto tiempo atrás. "Qué estúpida..." pensó. Y entonces los recuerdos empezaron a invadir su mente y a inundar su mirada. "Qué estúpida..." otra vez. Se acordó de como empezaron a hablar, de su risa, de su obsesión por la fotografía que le obligaba a llevar siempre una cámara encima, de como se enrojecía su piel al sol, del accidente de moto que lo dejó un mes postrado en la cama quejándose de todo, de su torpeza para liar pitillos... Y de nuevo, "Qué estúpida..." Se acordó de las primeras miradas, de las primeras caricias, de los primeros abrazos, de los primeros besos, y también de los últimos, de todas las noches juntos que hubieran deseado fueran eternas; de la última vez que se vieron, y también de la primera... Y una vez más "Qué estúpida...". Estúpida porque acordarse de todo eso ahora no servía ya de nada, se había ido para siempre. Estúpida porque se había marchado y no le había podido decir nada de todo lo que siempre quiso decirle, ni siquiera adiós. 
"Qué estúpida..."